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Su testimonio.

Esto (Ushuaia) era una pequeña aldea dependiente de la cárcel, que era un establecimiento importante para aquellos años. Tenía una población como de quinientos presos, por lo tanto tenía otros tantos empleados y el pueblo fue una villa que se creó como una necesidad de la misma cárcel. Después se incrementó un poco el comercio, ya empezó a moverse distinto”.

Con ojos de niño

…y los presos daban un poco de impresión cuando éramos niños; ellos tenían unos trajes a rayas gruesas azules y amarillas, parecían cebras. Imagínate que aquí no había de esas máquinas potentes para remover el suelo, entonces venían las cuadrillas de presos a arreglar las calles, los hacían trabajar. En la cárcel tenían varios talleres, mecánica, panadería, carpintería- mi padre fue jefe del taller de carpintería de obra blanca, carpintería fina- Y una vez, que llovía mucho pidieron permiso para resguardarse de la lluvia, en una especie de galpón que teníamos para la leña, que era nuestro único combustible. Allí guardábamos las rajas o rajones (de 1,50 mts.) de tronco, había gente que se ocupaba de eso y hacía los tacos, -se contrataba a un señor que tenía un camión le levantaba la rueda ponía una polea con una mesita que las cortaba y de eso se hacían las astillas- para usar en la cocina económica, para eso necesitábamos un galpón para que se mantuviera seco. Los presos estaban trabajando en lo que es hoy la calle Deloqui, esa calle tenía una loma y estaban tratando de rebajarlo porque hasta ahí llegaba la calle donde está el muro de piedra, ese muro fue rebajado.

Yo iba a la escuela 1, en Fadul y Av. San Martín hasta que se quemó y los presos pasaban por abajo hacían dos viajes a la mañana y a la tarde otros dos, y volvían cargados de leña, iban tres vagones dos iban con los presos cargados, espalda con espalda, otro iba cargado con guardia cárceles con el fúsil apoyado. Ellos se iban para el monte a la mañana y después hacían un viaje a media mañana descargaban y volvían otra vez para el lado del Monte Susana, unos 11 kms. , hacían. Podíamos verlos porque estábamos en la escuela. A las 5 de la tarde ya cortaban.

La transformación

A veces hago esta reflexión: No todos tienen la oportunidad de ver la transformación que uno, vio esto era una villa todos empleados de la cárcel, el comercio incipiente porque el barco venía una vez al mes, muchas veces faltaban cosas, había que traer de Punta Arenas, comprarle a una goleta que venía. Aunque generalmente alcanzaba porque hacían acopio de mercadería. En el año ´48 se fue el presidio de acá y empezó a cambiar, nos empezaron a descubrir el perfil turístico y todo cambió. Antes la ciudad tenía un perfil oscuro.
Era lindo en esos tiempos, todos nos conocíamos. Estaba un poco descuidada la parte sanitaria, había un hospital, un solo médico. Con un poco de suerte lo llevábamos, no recuerdo ningún hecho muy grave, porque no había transporte para evacuar.

Padres inmigrantes

Mi padre salió de España huyendo de la guerra de los moros, una guerra que duró como seiscientos años para sacarlos de España. Me contaba mi papá que su madre le decía “Andate a la América antes que tengas que tengas que hacer el servicio militar”. Mi madre era española, igual que mi padre, él de Asturias y ella de Málaga, pero se conocieron acá. Yo tuve un tío que estuvo cuatro años en la guerra y él contaba que llegaba a tomar agua de la huella que dejaba el caballo en el barro.
Mi padre primero estuvo en Puerto Deseado, después bajó a Punta Arenas, se enteró que acá en la cárcel había trabajo y se vino para acá. Después se quiso ir y se embarcó y mira lo que son las cosas antes de embarcarse se limpió los zapatos en el muelle arriba de la piedra, las calles eran de tierra con la intención de n volver más. Y naufragaron ahí nomás en Punta Remolino (actualmente puede verse el barco en la costa del Beagle), perdió todas las herramientas que llevaba y tuvo que volver. En aquella época no había mucho instrumento de navegación y salieron medio de noche, estaba nevando, agarró una piedra, también iban muy cerca de la costa. Vino, se quedó, conoció a mi madre y se armó la familia.